La desnutrición infantil en Pueblo Rico vuelve al centro del debate público tras destrabarse, después de ocho años, una sentencia clave que obliga al Estado a actuar. El enfoque ahora es claro: atender a miles de menores indígenas en riesgo.
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Durante años, la Sentencia 187 de 2018 permaneció como un mandato sin ejecución efectiva. Sin embargo, recientemente se logró un avance significativo. Esto se debe a la articulación entre el Gobierno nacional, autoridades locales y líderes ancestrales del territorio.
Desnutrición infantil en Pueblo Rico impulsa acuerdos con comunidades indígenas
En primer lugar, el cumplimiento de la sentencia exige una intervención directa en territorios indígenas. Por ello, uno de los principales retos ha sido el acceso institucional a estas zonas autónomas.
Según explicó la consejera Presidencial para las Regiones, Luz María Múnera, el Estado tiene la obligación de cumplir el fallo judicial. En consecuencia, se firmará un acuerdo interinstitucional en el que participarán líderes ancestrales.
Este paso resulta determinante. Además, permitirá coordinar acciones de atención en salud, nutrición y seguimiento a los menores afectados. Así, se busca garantizar una intervención respetuosa de la autonomía indígena, pero efectiva frente a la crisis.
Cabe destacar que en Pueblo Rico habitan principalmente comunidades Embera. Estas han enfrentado históricamente condiciones de vulnerabilidad, lo que agrava la situación alimentaria de los menores.
Desnutrición infantil en Pueblo Rico afecta a más de 3.000 menores indígenas
De acuerdo con estimaciones oficiales, más de 3.000 niños podrían requerir atención en esta zona del país. Esta cifra refleja la magnitud del problema y evidencia la urgencia de una respuesta articulada.
Además, los datos más recientes generan preocupación. Durante 2025, se reportaron más de 50 casos de desnutrición infantil. Incluso, al menos cuatro menores fallecieron en el municipio, lo que encendió las alertas institucionales.
Por esta razón, las acciones que se proyectan no solo buscan atender emergencias. También pretenden prevenir nuevos casos y fortalecer las condiciones de vida en las comunidades.
Asimismo, expertos señalan que la desnutrición no responde únicamente a la falta de alimentos. También está relacionada con el acceso limitado a servicios de salud, agua potable y educación.
En ese sentido, el enfoque integral será clave. Por ejemplo, las autoridades contemplan estrategias de atención médica, acompañamiento nutricional y programas sociales adaptados a la cultura indígena.
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Un fallo judicial que exige acciones reales en territorio
La Sentencia 187 de 2018 estableció la obligación del Estado de proteger a los niños entre 0 y 12 años afectados por el hambre. No obstante, su implementación fue lenta durante varios años.
Ahora, con los nuevos acuerdos, se espera avanzar de forma concreta. De hecho, la participación de líderes ancestrales marca un cambio importante en la estrategia institucional.
Esto se debe a que, históricamente, la falta de diálogo dificultó la ejecución de programas estatales en territorios indígenas. Por tanto, el consenso actual abre una oportunidad para intervenir con mayor efectividad.
Además, el compromiso institucional implica seguimiento permanente. Es decir, no se trata solo de una acción puntual, sino de un proceso sostenido en el tiempo.
Por otra parte, la comunidad ha expresado una demanda clara. Más allá de ayudas, exige condiciones dignas y soluciones estructurales que garanticen el bienestar de los menores.









