Rescate de Lyan José Hortúa fue pagado: la familia confirmó que no fue un acto humanitario
El rescate de Lyan José Hortúa fue pagado por su familia, según confirmó su tío en una entrevista radial. Tras 20 días de secuestro, el niño de 11 años fue liberado por las disidencias de las Farc, no por un gesto humanitario, sino por una negociación forzada ante la inacción estatal. Esta situación ha desatado críticas y preocupación a nivel nacional sobre el manejo de los casos de secuestro en Colombia.
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La familia confirmó que el rescate de Lyan José Hortúa fue pagado
En diálogo con La FM, Sebastián Bonilla, tío del menor, rompió el silencio. Confirmó que la familia tomó la difícil decisión de pagar por la liberación del niño. “Sí, sí, pagamos un rescate”, expresó Bonilla al aire. La cifra entregada a los secuestradores no fue revelada por razones de seguridad, pero su testimonio dejó en evidencia la desesperación que vivieron durante esas tres semanas de incertidumbre.
Lyan José Hortúa fue secuestrado por las disidencias de las Farc, un grupo armado que ha resurgido en algunas regiones del país. Durante 20 días, el menor permaneció en cautiverio mientras sus familiares buscaban ayuda de las autoridades.
Bonilla señaló que los funcionarios del Estado no ofrecieron soluciones claras. “Nos decían que tuviéramos paciencia, que esto podía tardar uno o dos meses. Pero no podíamos esperar mientras Lyan estaba en manos de criminales”, explicó. La situación los obligó a actuar por cuenta propia, sin apoyo institucional real.
La familia también denunció que un funcionario —cuya identidad no fue revelada— les sugirió que pagaran el rescate si querían proteger la vida del menor. “Nos sentimos solos”, afirmó Bonilla. La falta de respaldo del Estado terminó por empujar a los Hortúa a tomar una decisión límite.
El rescate de Lyan José Hortúa reabre el debate sobre la seguridad y el rol del Estado
Este caso ha generado fuertes cuestionamientos hacia el Gobierno nacional. Uno de los principales reclamos ha sido el silencio del presidente Gustavo Petro durante el secuestro del niño. El mandatario solo se pronunció públicamente 19 días después del hecho, lo que provocó malestar en la familia y entre los ciudadanos que siguieron el caso con atención.
Jorsuar Suárez, padrastro del menor, publicó una carta abierta en sus redes sociales donde agradeció el apoyo ciudadano pero criticó la falta de liderazgo del Ejecutivo. “Dolió que el Presidente hablara tan tarde”, escribió. Su testimonio refleja la sensación de abandono que sintió la familia durante la crisis.
Además del sufrimiento del niño, el secuestro provocó una serie de afectaciones emocionales en sus allegados. La madre de Lyan, por ejemplo, sufrió crisis de ansiedad que la llevaron a ser hospitalizada en más de una ocasión. El ambiente era de angustia permanente, sin respuestas claras ni avances concretos por parte de las autoridades.
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El rescate de Lyan José Hortúa no solo expone la vulnerabilidad de las familias frente a grupos armados ilegales, sino también una preocupante falta de acción estatal. Aunque el niño ya está en libertad, la herida emocional y social que deja este caso permanece abierta.
Una historia que evidencia una crisis estructural
El caso de Lyan se suma a otros episodios recientes que revelan un resurgimiento de los secuestros en Colombia. Organizaciones de derechos humanos y expertos en seguridad coinciden en que el país está enfrentando un retroceso en materia de control territorial y protección ciudadana.
La decisión de la familia de pagar por el rescate no fue voluntaria, sino una medida desesperada ante el vacío de respuestas. “Nadie debería tener que elegir entre esperar indefinidamente o negociar con criminales”, afirmó Bonilla.









